Saturday, March 27, 2010

El invitado

Fergusson nos pidió de favor que le permitiéramos pasar unos días en nuestra casa, aprovechando que su adorable cónyuge, Eli, visitaba unos familiares en la hermosa y paradisíaca población de Cancún.

—Así podríamos hablar de los negocios que traigo en mente —me dijo—, las oportunidades de negocio, para tener nuestro propio negocio.

Fergusson consideraba que esos días de ‘soledad y reflexión’, eran idóneos para explorar las ideas de negocios que traía en mente. Un negocio de 'cómo ganar dinero por internet', el cual me había comentado en alguna ocasión, pero no habíamos podido concertar por 'falta de tiempo'.

Le comuniqué la idea a Kat, y ella, siempre humanitaria y benevolente, no tuvo impedimento. Sin embargo, yo sí tenía impedimento. Fergusson era un hombre más joven y atractivo que yo, y eso podría ser una tentación para cualquier fémina.

Los celos naturales de estar viviendo como el único hombre de la casa, para luego incluir a otro. Pero serían once días, me dije.

Preparamos la habitación del niño, para que Fergusson durmiera ahí.

—Once días son muchos —dijo Fergusson, cuando llegó con su maleta tupida de ropa.

En ese preciso instante sentí un temor que subió por mi columna vertebral en camino al cerebro. ¿Y si Fergusson no tenía pensado quedarse sólo once días?

Mi temor quedó confirmado cuando, mediante terceras personas, nos enteramos que efectivamente, Eli no había ido de visita con sus familiares en Cancún y Fergusson no deseaba hablar de negocios conmigo. En realidad nunca hablamos de negocios.

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